Querido Eduardo:
Te sorprenderá
recibir noticias mías. Cuento con que te acordás quién soy. Sí, soy yo,
Ernesto, tu amigo y compinche de la infancia, amistad rota por un malentendido.
Y seguramente me tendrás presente en estos días en que tanto se habla de mí.
Sabrás que me han enjuiciado y que mañana se leerá la sentencia. Se me acusa de
crímenes de lesa humanidad, tortura y apropiación de menores. Vaya pavada
teniendo en cuenta que librábamos una guerra, pero en este país las cosas son
así, defendés a la patria de elementos subversivos, dispuestos a tomar el poder
por las armas, y encima te hacen un juicio. Pero no me arrepiento, volvería a
hacerlo.
En fin, no quiero
quejarme, afrontaré lo que haya que afrontar con dignidad y entereza,
cualidades que siempre conservé a lo largo de mi vida.
Como ya sé el
resultado final, quiero dejar aclaradas unas cuantas cuestiones antes de pasar
a la oscuridad del encierro. Y como viene la mano creo que va a ser para
siempre. Por eso quiero alivianar mi conciencia. Es algo que llevo enterrado en
mi corazón desde el día que me dijiste que no querías ser más mi amigo. Porque
eso me dolió muchísimo. No volví a tener otro amigo como vos. Tuve compañeros de
armas, mucha gente conocida, me casé, tengo hijos, pero amigos no. Por eso
necesito imperiosamente contarte este secreto: no fui yo el que te robó la
pelota. Me cuesta mucho delatar a alguien pero dadas las circunstancias, para
poder aclarar la situación, debo confesarte que fue el gordo Manuel. Sí, fue
él. Lo supe un día que fui a su casa de sorpresa y la vi debajo del sillón.
Allí estaba esa pelota tan particular, tan apreciada por vos. Se dio cuenta que
la vi y me hizo jurar que no diría nada, que lo había hecho para darte un
escarmiento ya que eras tan engreído. Por eso te la robó. Vos me acusaste a mí
y no me defendí porque había hecho una promesa, ahora me doy cuenta que no
tendría que haberlo prometido. Pero era chico.
Y ahora que voy
camino al encierro tuve la imperiosa necesidad de desahogar mi corazón y
contarte la verdad, la única verdad que me interesa contar.
Ernesto
Victoria Guzner
Invierno del 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario