Soñé que
iba por un viro que
estaba repleto de aniloides
de todos los colores, había de color roris, minol, vioses y otros más. Al sonido de mis pasos ápiros, el aire se musaba incarísido de pinsias bellas. Después
de un rato empecé a sentir el ólido sinuante
en mi pelo y pensé que imúlico
sería llevar a mi casa los hiliones
inbios que veía. Entonces vi un carión que imulaba por el pasto y brulía los árboles druando la brisa. Todo
era tan frulado que
quería que nunca se diselara.
Los timuelos eran
como de porcelana y las gúrgulas
se movían lentamente alrededor de los pálicos roris que guruaban como moscas. Las celeas no tenían colores nuevos y los tilimanos singulaban al compás de la música
nereal de los simulitos. Todo era tan libulio que no quería
despertar, pero un trusco
que entró en escena de repente, me trimuló la sistomelia
y desperté en medio de un mar de isógiras.
Ali.-
Todo tan Alis...Me cantiró!!!!!
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